
En el Centro de Artes Marciales y Deportes de Contacto Norte Grande, cada estudiante tiene una historia única que contar, pero la de Isabella Andrea Castellano Moreno es un testimonio fascinante de cómo dos mundos aparentemente opuestos pueden fusionarse para crear algo extraordinario. Con solo 18 años y cursando cuarto medio, Isabella ha logrado encontrar el equilibrio perfecto entre la fuerza del Taekwondo, la elegancia del Gumdo y el arte del modelaje.
Como muchos jóvenes de su generación, el viaje de Isabella comenzó con un clic en Instagram. Movida por la curiosidad, decidió acercarse a nuestra escuela para probar una clase de Taekwondo. Lo que empezó como un experimento terminó en un profundo romance con el deporte.
“Me terminé enamorando del deporte y de las personas tan amables que hay”, confiesa Isabella. Para ella, Norte Grande se convirtió en mucho más que un centro de entrenamiento: “Yo describo la escuela como 'un lugar de paz', mi lugar seguro, donde puedo ser yo sin ser juzgada y donde me siento en calma”.
El Cinturón Negro: El inicio de algo grande
Con cinco años de práctica marcial a sus espaldas, Isabella tiene la mirada puesta en una meta que la acompaña desde la infancia. Tras haber alcanzado ya el cinturón punta negra, el gran objetivo está cerca.
“Para mí el cinturón negro es un sueño de niña. Significa un logro significativo en mi vida, algo que es el comienzo de algo grande y poderoso si se hace con sabiduría”, explica con la madurez de quien entiende que el verdadero poder de las artes marciales radica en la mente y el espíritu. Esta filosofía la complementa también con el Gumdo, disciplina que define como una parte fundamental de su vida por el aprendizaje y las grandes personas que ha conocido en el camino.
Modelaje y Poomsae : La inesperada sinergia de la postura y la emoción
Hace poco tiempo, Isabella decidió incursionar en el modelaje buscando explorar una nueva faceta personal, sin imaginar el impacto positivo que tendría en su rendimiento deportivo. Lejos de ser actividades que compiten entre sí, el modelaje y el Taekwondo se convirtieron en el complemento perfecto.
El cambio más evidente se vio reflejado en el Poomsae (formas), la modalidad del Taekwondo donde la precisión, el control y la postura lo son todo.
“Empecé a ver cambios en mi postura y, cuando me di cuenta, el modelaje ya estaba impregnado en mí, sobre todo en mi técnica. Vi un cambio significativo en mis poomsaes, no solo por practicar una y mil veces lo mismo, sino en cómo me movía, en cómo me paraba y en cómo me sentía”, relata Isabella. “A fin de cuentas, el modelaje me ayudó a mejorar en el deporte que amo y en el área que más adoro”.
Sin embargo, los beneficios fueron más allá de lo físico. El modelaje transformó su seguridad personal: “Mejoró mi presencia en la vida, en cómo me siento yo, en lo que decido y en lo que做 (hago). El modelaje no es solo verse bien, es también sentir cada cosa y cada emoción que pasa a lo largo del día y de la vida”.
Valores para la vida diaria
A sus 18 años, Isabella es el vivo reflejo de los valores que promovemos en Norte Grande. La constancia necesaria para rendir en sus estudios de enseñanza media, la delicadeza de la pasarela y la potencia del combate conviven gracias a una base sólida de principios.
“El deporte me ha enseñado mucha disciplina, perseverancia y paciencia tanto dentro como fuera del entrenamiento. La ética deportiva no solo la aplico en el deporte, sino también en mi vida diaria”, concluye.
Desde el Centro de Artes Marciales Norte Grande, nos enorgullece ser el "lugar seguro" de atletas como Isabella, quienes demuestran que las artes marciales no tienen moldes y que la verdadera belleza de un deportista marcial se encuentra en la búsqueda constante de la superación, la sabiduría y la paz interior.