En el Centro de Artes Marciales y Deporte de Contacto Norte Grande, cada estudiante escribe su propia historia de esfuerzo y superación. Sin embargo, hay relatos que nos recuerdan de forma especial el verdadero propósito de las artes marciales: transformar vidas. Ese es el caso de Náyaret Méndez, una iquiqueña de 41 años, profesional del área de la salud y madre, que hoy se ha convertido en un auténtico referente y ejemplo a seguir para todos sus pares en nuestro dojo.
La llegada de Náyaret a nuestra escuela ocurrió hace aproximadamente un año de la manera más imprevista: una conversación casual con la tía del jardín de su pequeña hija. Motivada por el bienestar de la menor, comenzó asistiéndola a sus clases. Fue en ese proceso de acompañamiento donde descubrió que el dojo también tenía un espacio para los adultos. Rompiendo con el sedentarismo, el cansancio acumulado de la rutina y la creencia de que "ya no estaba en edad", decidió dar el primer paso en el Hapkido.
Lo que comenzó como una práctica de fin de semana pronto se transformó en una profunda pasión. Con el paso de los meses, su curiosidad y compromiso la llevaron a integrarse a las disciplinas de Gumdo (hace seis meses) y, recientemente, de Taekwondo. Hoy, Náyaret entrena con una energía envidiable, demostrando que los límites solo existen en la mente.
"Como adulta, creo que es muy importante darnos un tiempo para nosotros mismos. A veces pensamos que solo necesitamos descansar, pero también necesitamos movernos, sentirnos activos, felices y conectados con nuestro cuerpo", reflexiona Náyaret.
Los cambios en su calidad de vida han sido indudables. Tras dejar atrás una rutina marcada por las migrañas constantes y la falta de energía, Náyaret destaca que las artes marciales le han devuelto la vitalidad. Además del beneficio físico, resalta el tremendo valor emocional de compartir una actividad deportiva de forma directa junto a su hija, fortaleciendo un lazo familiar invaluable dentro del tatami.
Para ella, disciplinas que desde fuera pueden parecer agresivas, en realidad albergan los pilares más nobles del crecimiento humano: la disciplina, el respeto, la constancia y el autocontrol.
Náyaret Méndez es hoy el vivo reflejo de que el cuerpo se adapta y la mente se ordena cuando hay convicción. Su paso por la escuela destaca no solo por su notable evolución técnica en los entrenamientos de espada y combate, sino por su calidad humana, aportando de forma positiva al gran ambiente familiar que lidera el Sabonim y el equipo de Norte Grande.
"Vengan, inténtenlo. Vale la pena. Nunca es tarde para comenzar, para aprender algo nuevo y para descubrir una mejor versión de uno mismo", puntualizó.
Noticia
Madre, profesional y apasionada marcial: La historia de Náyaret Méndez
13 de junio de 2026
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