
En el Centro de Artes Marciales y Deportes de Contacto Norte Grande no solo formamos deportistas; formamos personas con un propósito, capaces de trasladar la disciplina, el respeto y la perseverancia a cada rincón de sus vidas. Hoy queremos compartir la historia de Luciano Nicolás Varas Galaz, un atleta de 28 años que encarna a la perfección lo que significa llevar el Taekwondo como una verdadera filosofía de vida.
El viaje de Luciano en nuestra academia comenzó formalmente en 2010, cuando rindió su primer examen para cinturón blanco punta amarilla. Sin embargo, su historia con esta disciplina va mucho más allá: lleva más de 20 años practicando este arte marcial.
"Recuerdo que cuando empecé éramos pocas personas y el espacio no era tan grande como el de ahora. Ver ese cambio me hace reflexionar sobre todo lo que hemos crecido como escuela y como alumnos", recuerda Luciano.
Con el paso de los años y el avance en los grados, descubrió que su verdadera pasión dentro del Taekwondo estaba en el combate (Kyorugi) por sobre las formas (Poomsae). Ese impulso competitivo lo llevó a defender nuestros colores por todo Chile, viajando a ciudades como Arica, Coquimbo, Santiago, Pichilemu y Rancagua. Su desafío más importante fueron los Juegos Nacionales en La Araucanía, una competencia exigente donde, a pesar de sufrir una fractura y no alcanzar el podio, la lección fue clara: el espíritu indomable no se rompe.
Esa fuerza para levantarse ante la adversidad no es casualidad. Para Luciano, el Taekwondo es algo familiar en el sentido más literal: su maestro es también su tío. Una relación que asume con profundo orgullo y con la responsabilidad de representar los valores de la escuela tanto dentro de la competencia como en el día a día.
El camino del atleta nunca es una línea recta. A lo largo de los años, Luciano enfrentó momentos de frustración cuando el estudio o el trabajo lo alejaron temporalmente de los entrenamientos, provocando estancamientos en sus ascensos de cinturón. Sin embargo, su amor por el deporte lo impulsó a ingresar a la universidad para titularse como Preparador Físico, buscando complementar sus conocimientos técnicos.
Aunque llegó a impartir talleres de Taekwondo en colegios —una experiencia altamente enriquecedora—, sentía que aún había algo más esperando por él. Fue justamente durante su época universitaria, al tener que trabajar y estudiar al mismo tiempo, donde el destino le presentó una nueva vía de expresión: la gastronomía.
Su entrada a la cocina comenzó en el restaurante La Inclusive, un espacio que no solo le enseñó el oficio, sino que lo introdujo en el mundo del veganismo. Al darse cuenta de que había encontrado una segunda vocación, Luciano tomó una decisión valiente: viajó a Santiago a profesionalizarse en gastronomía vegana mediante cursos intensivos para luego dar el salto al emprendimiento.
Así nació en Iquique KINOKO, su proyecto de cocina Gourmet libre de crueldad animal.
"Al principio no fue fácil porque la cocina vegana no era tan conocida en Iquique, pero gracias a la perseverancia —la misma que aprendí en el tatami— logré consolidar una base de clientes hermosa que valora lo que hago. Hoy llevo 7 años cocinando con conciencia."
Hoy, a sus 28 años, Luciano equilibra sus dos grandes pasiones. La autogestión de su emprendimiento le permite manejar sus tiempos, continuar su camino en el Taekwondo y disfrutar de la libertad de hacer lo que ama.
Su historia es el claro ejemplo de que los principios del arte marcial no se quedan en el dojang: la perseverancia, el autocontrol y el espíritu indomable son herramientas que te acompañan para conquistar la vida, ya sea vistiendo un dobok o preparando un plato gourmet.